regiones donde el COVID-19 ha dejado de circular de forma comunitaria,
pero con rebrotes constantes; asimismo, los docentes estarán preparados para
dar continuidad pedagógica, y que sus estudiantes sigan aprendiendo.
Asimismo, la escuela desde su dimensión simbólica nunca cerró; pasa que
ahora: el comedor, la cocina, la habitación, el patio, el balcón, cualquier parte
de la casa se ha convertido en ese espacio y tiempo particular para estudiar,
enseñar y aprender, haciendo evidente la materialidad, espacialmente en la
reorganización de nuestros hogares (Dussel 2020).
La conexión a través de una diversidad de plataformas entre familiares y seres
queridos lo cual ha aliviado un poco los niveles de ansiedad, estrés,
incertidumbre y soledad que ha presentado un importante número de
personas, “La importancia se fundamenta en las implicaciones asociadas con
resultados informáticos, sobre la gestión en tecnologías digitales como apoyo
a la educación a distancia” (Briceño, et al., 2020); asimismo, la comunicación
intercultural sirva como modelo de instrucción, en tal sentido, por ejemplo,
son los estudiantes del nivel secundaria de la escuela de alemán e inglés
quienes colaboran con sus compañeros, a fin de apoyarlos en la adquisición
de nuevos conocimientos (Ramírez 2020).
Montealegre (2020) menciona que la toma de decisiones se convierte en
imprescindible a la hora de pensar en ofrecer educación y que esta sea para
todos. En este caso en Palestina, se pensó y puso en práctica el uso de la
tecnología para el que sus estudiantes tuvieran la oportunidad de seguir
estudiando en línea. La forma de cómo hacer que nuestros estudiantes
aprendan no marca el reto de pensar que estrategia utilizar, este es el caso de
la utilización del aula invertida como estrategia pedagógica para seguir con
la educación en todos sus niveles, generando conexión con cada estudiante y
por ende generando aprendizajes eficaces, dejando atrás la forma de
educación tradicional; por su parte Cifuentes-Faura (2020) menciona que en